Ante un desafiante escenario: una buena noticia (Un artículo de Pedro Luis Uriarte)

Ayer se ha constituido el nuevo Gobierno Vasco, con la toma de posesión de los distintos Consejeros y la consabida foto en las escalinatas de Ajuria Enea, tras la...
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Ayer se ha constituido el nuevo Gobierno Vasco, con la toma de posesión de los distintos Consejeros y la consabida foto en las escalinatas de Ajuria Enea, tras la emotiva jura del Lehendakari Urkullu el pasado sábado, en Gernika.

El nuevo equipo que va a regir los destinos de Euskadi me ha parecido muy potente, porque combina capacidades políticas y de gestión relevantes, con un Lehendakari que ha consolidado su figura tras las elecciones y reforzado su posición con el acuerdo con el PSE-EE.

Desde la perspectiva del Concierto Económico que es el objeto de todos mis artículos, quiero destacarte, porque creo que es una buena noticia, el nombramiento de Pedro Azpiazu, como Consejero de Hacienda y Economía (sin desmerecer por supuesto todos los demás, puesto que parte de ellos recaen en personas con gran experiencia por las responsabilidades que ostentaron en la legislatura anterior). Por cierto, para que veas donde están ahora las prioridades, ya ves que las responsabilidades de Hacienda se sitúan por delante de las de Economía. En cambio, yo fui designado Consejero de Economía y Hacienda, aunque asumí como misión más importante la recuperación del Concierto para Bizkaia y Gipuzkoa y la reformulación del de Araba, en 1980 y 1981.

Conozco a Pedro muy bien y desde hace muchísimo tiempo, porque formo parte del equipo del departamento que yo encabece en el primer Gobierno. Posteriormente ha tenido una carrera política muy rica, como Director de Presupuestos de la Diputación Foral de Bizkaia y, sobre todo, como Diputado en el Congreso, donde se ha responsabilizado de todas las cuestiones económicas y las relacionadas con el Concierto desde el año 2000 hasta ahora.

Su preparación es por lo tanto evidente. Además de ella me permito destacar que, dada su dilatada carrera, conoce muy bien y tiene muchos contactos en el mundo político madrileño, una especie de planeta Marte, inhóspito por tanto para quien aterriza allí sin experiencia previa.

Te preguntarás por qué es importante todo lo anterior. Porque una negociación del calado de las que yo tuve que afrontar en su día, no consiste simplemente en un ejercicio técnico en el que cada cual aporta sus conocimientos, sino que se trata, más bien, de un despliegue de influencia (o, si lo quieres, aunque suene un poco cursi, de seducción) sobre quien se encuentra al otro lado de la mesa. Salvo que creas en el amor a primera vista, es obvio que es fundamental para obtener buenos resultados, el haber tenido un trato personal fluido, como el que ha acreditado el nuevo Consejero, con los que van a ser sus interlocutores en el Gobierno español. Muy en especial con Cristóbal Montoro, el actual Ministro de Hacienda y Función Púbica, quien te recuerdo fue el primer firmante, por parte del Ejecutivo español, del Concierto del 2002. Cuanto más difícil sea la negociación a abordar, este segundo factor resulta aún más importante.

No soy taurino, sino más bien lo contrario, pero el nuevo Consejero va a tener que enfrentarse a tres auténticos “miuras”. Primero, el acuerdo final en relación con todas las diferencias que existen entre las instituciones vascas y el Gobierno Central, en relación con todas las liquidaciones de Cupo desde el año 2007. Segundo, la negociación de la Ley de Cupo 2012-2016 que tenía que haber entrado en el Congreso de los Diputados hace mucho tiempo, objetivo que no ha sido posible alcanzar, por las resistencias que ha ofrecido el Gobierno español en su etapa anterior de mayoría absoluta parlamentaria. Tercero, la negociación de la siguiente Ley de Cupo, que cubriría 2017 a 2021.

Se tratan de dos textos legislativos, con un alcance, como ves, quinquenal, que deben ser pactados previamente y planteados al Congreso de los Diputados, para su aprobación y rechazo, sin posibilidad de enmienda.

El tener éxito en estas negociaciones es crítico, no solo por razones políticas, sino también y muy especialmente por otras económicas, sociales e igualmente personales. Porque de todo lo anterior dependen los recursos de que van a disponer en los próximos diez años las instituciones vascas.

El volumen de gasto público de que vamos a disfrutar vendrá condicionado por el resultado de estas tres negociaciones, aunque también por el montante de la recaudación que se consiga, a su vez condicionado por la evolución económica, la eficiencia de la gestión recaudatoria y la necesaria e intensa lucha contra el fraude y la economía sumergida.

¿Por qué es importante hablar de gasto público? Porque, detrás del gasto público hay personas. Y es que eso que se conoce con un nombre tan poco atractivo es, en definitiva, Osakidetza, ikastolas, colegios, Formación Profesional, Universidad, Ertzaintza, servicios sociales, renta de garantía de ingresos, cultura, Euskera, carreteras, industria, I+D+i, centros tecnológicos y así un largo etcétera.

Como puedes ver, por lo tanto, el volumen de gasto público vasco es algo decisivo para todos los que vivimos en Euskadi. Si a todo lo anterior añadimos que esa masa de recursos tiene hoy una orientación fundamentalmente social, porque el 73% del Presupuesto vasco tiene esa finalidad, convendrás conmigo que, cuando hemos hablado de los tres “miuras” estamos ante un tema decisivo para las ciudadanas y ciudadanos vascos en la próxima década. Ante algo que nos debe interesar a todos por su impacto en nuestra propia vida personal. Además no debes olvidar que hay partidas, como las de Investigación y Desarrollo y el apoyo a la Educación, etc. que son decisivas para construir un mejor futuro para Euskadi.

Antes te hablaba de que, para conseguir el éxito de una negociación de este tipo, es crítico acreditar una gran capacidad de trabajo y una singular resistencia, además de contar con conocimientos e ideas, habilidad negociadora y capacidad de influencia. Pues bien, es necesario algo más. Según mi experiencia (que, como soy un viejecito, abarca ya cientos de negociaciones variopintas a lo largo de toda mi vida profesional) también cuenta el saber combinar tres imprescindibles sentidos: el del riesgo, el de la oportunidad y el del tiempo.

El primero, para saber hasta dónde se puede tirar de la cuerda sin que se rompa.

El segundo, para visualizar el alcance de las propuestas a plantear, es decir cómo debe ser la cuerda de gruesa (la de esta negociación pienso que deberá ser como una maroma de las que sirven para atracar un gigantesco portaviones en el muelle).

Y el tercero, el del tiempo, para definir cuándo es el momento más adecuado, en este caso desde la perspectiva vasca, para planear la negociación.

Centrándonos en este último punto, y sin pretender meterme donde no me llaman, porque hay otros que saben de esto mucho más que yo, la ponderación del tiempo en esta negociación tiene dos vertientes que deben considerarse, una positiva y una negativa.

La positiva es tan evidente que me da vergüenza plantearla: la perentoria necesidad que tiene el Gobierno español y sus aliados políticos para conseguir el apoyo de los cinco votos del PNV para sacar adelante el Presupuesto de 2017, y los de los años siguientes, y, por extensión los proyectos más significativos de toda la Legislatura.

El factor tiempo negativo resulta en cambio más complejo y creo que es menos conocido y más difícil de evaluar. Viene definido por tres fuerzas, en principio contrarias al Concierto Económico Vasco.

Primero, la posición que adopte Ciudadanos ante estas negociaciones y, sobre todo su votación en el Congreso de los Diputados cuando se presenten ante el mismo, para su ratificación o rechazo, el pacto que se haya alcanzado entre el Gobierno español y las instituciones vascas sobre el contenido de las dos Leyes de Cupo antes citadas.

Segundo, la evolución de las posiciones políticas del PSOE en relación con este tema. No se te ocultará que Susana Díaz, que ha comenzado a desplegar sus alas para alcanzar su Secretaria General, no ha sido hasta ahora precisamente una amiga y defensora ferviente del Concierto, sino más bien lo contrario. Pero, por otro lado, necesita ganarse el apoyo del PSE-EE ante el futuro congreso de aquel partido político, como ya estarás viendo que está tratando de conseguir con el PSC catalán.

Y tercero, y muy importante, la necesidad de que se cierre cuanto antes la negociación del nuevo modelo de Financiación de las quince Comunidades Autónomas de Régimen Común. Como sabes, en este campo los ánimos están muy calientes, por lo que se adivina una auténtica batalla por la financiación autonómica, cuestión que abordaré próximamente en otro artículo, por si este tema tan decisivo para esos territorios y sus habitantes te interesa.

Como deducirás de todo lo anterior, Pedro Azpiazu, contará con el apoyo del potente equipo del Departamento de Hacienda y Economía del Gobierno vasco (en el que trabajan personas con gran experiencia por haber participado en anteriores negociaciones del Cupo), y además, con el apoyo de los tres cualificados equipos de las Diputaciones Forales vascas. Todos ellos se van a tener que mover por tierras pantanosas, con arenas movedizas y con algunas temibles serpientes y caimanes.

A pesar de este entorno complejo, duro, y que en algunos momentos será hostil, y de las dificultades técnicas que encierran estas importantísimas negociaciones para Euskadi, tengo plena confianza en que la comisión negociadora vasca que se cree, encabezada por el nuevo consejero de Hacienda y Economía, sabrá llevarlas a buen puerto.

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#OrainEkonomia#OrainOpiniónEl Concierto Económico vasco: Una visión personal

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